Por Candy Pérez
En que me desperté preocupada, tenía tantas cosas por hacer esa mañana, debía imprimir unos trabajos, debía tomar el autobús a una hora exacta, debía cosas en la escuela, compras en la casa, caminar muchos tramos para llegar a tiempo, mientras caminaba no encontré ningún lugar para lo de los trabajos, el tiempo me comió y el bus ya no estaba, las prisas y la tensión ya me estaban derrumbando, tomé un taxi pague lo que gastaría en una semana con tal de llegar a tiempo, porque no quería darme por vencida no yo… ciertamente pensé en regresar pero no era capaz, no era mi estilo… Al llegar a la escuela la situación empeoró aun más…
No cambió mi vida mas que para bien, no me destrozó los sueños pero me hizo recordar que no debo pretender sino vivir, me saco de la esfera de sueños y me puso sobre la realidad, tan fuerte como un golpe dolió, mientras actuaba la pase tan mal que la inseguridad pronto me haría llorar, debía realizar unos trabajos y por miedo a perder, terminé perdiéndome a mi misma, sin reconocer que yo normalmente no tendría pena o vergüenza por preguntar como se hacen o donde se consiguen las cosas, sin embargo me olvide de mi misma, y fui victima de la confusión de papeles, el miedo quería vivir por mi.
Debo reconocer que al ver las cosas que hice mal, pensé en las consecuencias, tracé en mi mente todo lo que se vendría por haber actuado así, la definición para mi era “asustada”. Todo esto lo viví en medio día de mi vida y mientras caminaba regreso a casa, mi espíritu comenzó a rechazar esos sentimientos, de pronto caminaba ya sin prisa, una lagrima escurrió de mi rostro, pedí al creador que sacara la frustración de mi, que la próxima vez no dejaría que pasara lo mismo pero que me ayudara a no dejarme llevar por el miedo, que me diera inteligencia para no caer, pues me sentía tan propicia, porque bien sabia que nuevamente le había abierto las puertas de mi ser, enseguida cambio mi rostro, la música empezó a salir de mis labios, la canción era suficiente para tranquilizar mi ser, cerré mis ojos y supe que el creador había contestado mi oración, que estaba junto a mi, y que me miraba desde los cielos su inmensidad, me abrumaron mas pensamientos, pero ya no estaba sola, no era lo mismo.
Aquel día comprendí lo que era empezar mi día sin haber platicado con mi mejor amigo, sin haberle pedido consejo o dirección para aquella mañana, por haberme levantado tan preocupada que me olvidé de su abrigo y protección, la lección mas grande es haber aprendido a que mis días los cambia él, cuando le pido que camine de mi lado, cuando me abraza mientras camino, cuando simplemente no estoy sola, sino debajo de su abrigo.
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