En ocasiones nosotros necesitamos ser motivados, escuchar algunas palabras que reconforten nuestro corazón, que nos induzcan a seguir. Pienso que la mayoría de las veces nos inspiran actos de personas que consideramos heroicas por el simple hecho de que ya no existen y han quedado inmortalizados en nuestros pensamientos.
Ahora bien, porque no darnos cuenta que a nuestro alrededor existe mucha gente que nos motiva con sus actos, con su amor y compromiso por la vida. Que no teniendo el hogar perfecto siguen creyendo… que han superado la muerte de un ser querido o la falta de afecto del ser más amado. Que el rechazo se entrometió en su vida y sin embargo cada día continúan sonriendo. Personas que pudieran ser tus vecinos o grandes amigos, que has visto sufrir, pero también disfrutar de la vida.
La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… este mi punto principal, no darnos por vencidos porque nuestros antepasados no lo hicieron, sino que en nuestra actualidades escribamos nuestra historia con fuertes convicciones que persigamos nuestros sueños, que busquemos en nuestro interior lo que nos fue dado y si ya no se encuentra, pedir al cielo, que nos muestre el camino no para vivir sumergidos en las incapacidades de la vida sino en las realidades que podemos construir. ¡Hago un llamado a la vida en la tierra! Para que la fe permanezca en nuestros corazones para que la hagamos crecer, para no salir de casa sin ella… para mantenernos en pie… para poder recordar que el poder de la fe, pero sobre todo el de las convicciones porque sin ellas no podremos permanecer, por favor… determínate a encontrar la paz, a conocer la felicidad. Opciones hay muchas y entre líneas puedo saber que me comprenden cual es la opción más cercana… ni santos, ni vírgenes, sino el dador de vida… que cuando tu espíritu sienta morir, con un hermoso toque de su amor puede devolverle la vida… al autor y consumador de la fe...